Fundado el 21 de agosto de 1988 en David, Chiriquí. República de Panamá

martes, 31 de julio de 2012

SOUFRIERE: LAS HUELLAS DE FRANCIA...


Por: Milagros Sánchez Pinzón  (mspinzon@gmail.com) ombysa

En el occidente de Saint Lucia se levanta Soufriere, el primer pueblo francés fundado en la isla en 1736.  Fue capital insular antes que Castries   y en sus costas se libraron importantes batallas navales que sellaron el destino de la gente europea y africana fusionadas para dar origen al actual hombre santalucieño.

Hemos viajado más de una hora en un microbús, desde Castries,  para toparnos con Soufriere.  Bordeamos  el litoral por una sinuosa carretera, ascendiendo y bajando montañas impresionantemente verdes.  Nos seguimos asombrando de la exuberante vegetación de la isla y cómo se yerguen las viviendas entre el enmarañado bosque neotropical.


El experimentado conductor, a una velocidad que impresiona por las cientos de curvas de la vía  (que en cuestión de minutos pasa de 0  a  500 metros sobre el nivel del mar) no tiene piedad de nosotros  y son pocas las  fotografías que atrapamos de esos extraordinarios parajes.


Raudos, atravesamos pintorescos pueblos, las bahías de Anse de la Raye y  Canaries, precipicios enormes y geoformaciones volcánicas majestuosas, pero las que nos reciben, como centinelas del pueblo de Soufriere, son las dos montañas más pretenciosas: Los Pitones.

Los Pitones son dos edificios volcánicos anguladísimos. El Gros Piton se alza hasta lo 768 metros y el Petit Piton a 750 metros.  La belleza de los mismos los ha convertido en símbolos naturales de la isla,  y por ello aparecen como los triángulos centrales de  la bandera nacional. Estas montañas fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2004.




En Soufriere se encuentra otro sitio interesante: Diamond Botanical Gardens, Minerals Baths and Waterfalls.  Se trata de una propiedad obsequiada a los hermanos Devaux por el rey Luis XIV  de Francia, a principios del siglo XVIII, escenario  por donde Josefina, emperatriz de Francia y esposa de Napoleón Bonaparte, se recreó  en su infancia para disfrutar de las propiedades minerales de las aguas que corren por el sitio desde las laderas volcánicas.

El Jardín Botánico con sus piscinas de aguas termales se complementa con el discurrir de la Cascada Diamante, cuya peculiaridad reside en la coloración achocolatada de la roca por donde fluye el líquido blanquecino, cargado de azufre, hierro y otros componentes recomendados para aliviar distintas enfermedades. 



Descubrimos que Diamond Waterfall no supera los doce metros de alto, aunque  aparece registrado en decenas de fuentes cibernéticas  como un salto  de 300 metros.   Esto  nos confirma que no se puede creer todo lo que aparece en la web.


Luego de pasar varias horas apreciando helechos, heliconias, crotos,  epífitas y otras numerosas especies vegetales del Jardín Botánico, degustamos por primera vez, en un modesto restaurante a orillas de la Bahía,  un plato consumido mucho en el Caribe: el Roti (una tortilla de harina que envuelve  pollo guisado y papas).    Afuera,  un catamarán cargado de turistas, en su mayoría anglosajones, se despedía del  tranquilo caserío y unos  chicos lugareños jugaban en el litoral.

Una mirada final a la arquitectura del lugar nos permite ver en muchos rincones las huellas  palpables de la Francia decimonona.  Nos alejamos de ese sitio reafirmando nuestra admiración por esta humilde gente, cómo han logrado preservar sus bosques  y con ello  sacarle provecho al turismo verde...




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