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martes, 17 de septiembre de 2013

PALABRAS DE DIMAS LIDIO PITTY...

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO POR LA MEDALLA JUAN B. GÓMEZ A LA EXCELENCIA CULTURAL

Por Dimas Lidio Pitty

Señoras y señores:

Con absoluta sinceridad, debo decir que siento no sólo complacencia, sino una profunda gratitud por el honor que he recibido esta noche, de parte de Culturama, el Radioperiódico Impacto y los familiares del grande amigo Juan B. Gómez Amador, al distinguirme con la “Medalla Juan B. Gómez a la Excelencia Cultural”.
Que en un medio como el nuestro, en buena medida refractario a los afanes culturales, haya quienes aprecien, y hasta distingan, las iniciativas y el trabajo de las personas entregadas al quehacer cultural, debe ser motivo de aprobación y regocijo. Por eso, antes que cualquier otra cosa, solicito de ustedes un cálido aplauso para Culturama, para el Radioperódico Impacto y para los familiares del sobresaliente chiricano que es Juan B. Gómez Amador.
La cultura, entendida como el conjunto de obras y conocimientos que define la identidad de un individuo, de una sociedad o de un pueblo, es el mayor bien a que se puede aspirar. Quizás por eso, porque provengo de un hogar campesino humilde, donde no había escolaridad ni libros, la educación y la lectura me abrieron perspectivas insospechadas y pude comprender (o, más bien, intuir) que, como señalaba el gran poeta francés Paul Eluard, debía ir “del horizonte de un hombre al horizonte de todos.” Y eso es, precisamente, lo que he tratado de hacer a lo largo de la vida, pese a las adversidades y los escollos que nunca faltan en el devenir humano.
Aunque, como se ha dicho antes, en el transcurso de los años, por necesidad y otros motivos diversos, ejercí o estuve vinculado a ocupaciones varias, desde las faenas agrícolas más elementales hasta las actividades comerciales, las luchas sociales, la militancia política y el servicio público, he consagrado el mayor tiempo y las más consistentes energías al periodismo y a la literatura, parcelas en las que he procurado servir a la sociedad y, simultáneamente, contribuir a fortalecer las más altas y nobles causas del hombre. No ha sido otro el objetivo de mis afanes, sino la afirmación y la defensa de lo humano, en todos sus niveles y matices, según los dictados de la razón y los principios de la justicia.
El apóstol José Martí dijo que quería echar su suerte con los pobres de la tierra y, por su parte, Dostoievski habló de “los humillados y ofendidos”, con quienes estuvo siempre su corazón. De esos paradigmas, y de otros luminosos maestros de nobleza y humanidad, como Fray Luis de León, Walt Whitman, Nazim Hikmet y César Vallejo, he intentado aprender, con modestia y humildad, a estar y ser en el mundo. Por eso creo que la satisfacción mayor proviene de la intención y del propio quehacer, más que del éxito eventual que pueda alcanzar la obra resultante. Basta que una frase o un verso iluminen o conmuevan una conciencia, para que se justifique el esfuerzo realizado por el autor. Eso enseñan la vida y el callado trabajo con las letras.
Amigas y amigos: Recibir el aprecio y el cariño de ustedes en un acto como éste, es más que una recompensa: es la justificación de toda una vida de ilusiones, desvelos, fracasos, satisfacciones y triunfos. Porque nada es superior, ni más deseable, que el amor de los humanos, que la comunión en el sentir y en la percepción de la belleza y de las emociones que elevan al hombre sobre sí mismo y lo aproximan a los otros y al misterio inefable de cuanto existe.

Muchas gracias por estar en esta ceremonia y darle sentido al modesto esfuerzo realizado a lo largo de la vida para acercarme a ustedes, que son parte de mi gente más cercana y querida, por lo que hoy, en este momento, siento que, en alguna medida, en ustedes se encarna y palpita la humanidad.
Muchas gracias.

Culturama, 14 de septiembre de 2013.





Fotos: Marcial De Gracia, de Sertv.  





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