La ciudad de David surgió en el núcleo poblacional de lo que hoy se conoce como Barrio Bolívar, mas en las primeras décadas del siglo XX, las residencias y los negocios se fueron extendiendo hacia el occidente y un solar donde pastaban las vacas, se convirtió en la Plaza del Carmen, hoy Parque Miguel de Cervantes Saavedra.
Alrededor de la Plaza del Carmen se estableció uno de los primeros hoteles de David, el Hotel del Istmo, emplazado en la esquina donde hoy se encuentra Almacén Romero. También frente a la Plaza, el político y empresario Salvador Jurado Martínez abrió su Almacén Nuevo Mundo, dedicado al comercio en general y al negocio de madreperlas.
A la izquierda Hotel del Istmo; a la derecha, Almacén Nuevo Mundo de Salvador Jurado. El árbol que se observa fue de los primeros sembrados en la Plaza del Carmen, hoy Parque de Cervantes. 1915
En esos primeros años de la centuria pasada, una de las calles davideñas más importantes era la Calle del Comercio (actual Calle B Norte) donde los empresarios Enrique y Rafael Halphen edificaron el Bazar Francés y el Banco Halphen, una estructura de concreto que rompió con el patrón de las construcciones de madera y tejas propias de la época. Este fue el primer inmueble de este tipo que se levantó en David, el cual todavía puede apreciarse. Años después estas instalaciones fueron ocupadas por el Chase Manhattan Bank y el Registro Civil. Hasta 1927, frente al Edificio Halphen estuvo la Botica La Unión, de Manuel González Revilla, esquina donde luego abrió su popular cantina el español Bartolomé Tarragó.
A la izquierda, Botica La Unión de los González Revilla; a la derecha, primer edificio de concreto construido en David, propiedad de Hermanos Halphen en la Calle del Comercio. 1915.
Fundado el 21 de agosto de 1988 en David, Chiriquí. República de Panamá
jueves, 14 de abril de 2011
EL PALACIO MUNICIPAL DE DAVID... (Culturama 987)
En 1956, cuando Manuel de Jesús García fungía como Alcaldel del distrito de David observó la necesidad de albergar todas las dependencias municipales en un solo edificio, ya que entonces éstas se distribuían en diferentes instalaciones de la ciudad. El Consejo, por ejemplo, sesionaba en una casa alquilada al señor Bouche, frente al Palacio actual. La inquietud del recordado periodista García fue apoyada por los consejales: Dolores de Rincón, Celmira de Malek, Carlos Diez, Pablo Lamboglia, Gonzalo De Gracia, Juan Frauca, Ricardo Esquivel, Leopoldo Amaya y Enrique Jaramillo, quienes mediante el Acuerdo No. 4 del 22 de octubre de 1956 aprobaron una partida de cien mil balboas para la construcción de la obra. Después de varios años de trabajos, encargados a la firma de arquitectos De Roux, Bermúdez y Brenes, el 6 de febrero de 1960 se inauguró el Palacio Municipal de David, que recibió el nombre de Pedro Vidal Escobar (1885-1960), en homenaje al abogado, periodista y hombre público nacido en Taboga, pero que fuera diputado a la Asamblea Nacional por Chiriquí, de 1918 a 1928 y Presidente de la misma en tres ocasiones. Vidal Escobar fue consejal de David por tres periodos, Secretario de la Gobernación de Chiriquí, Jefe de Justicia de la Secretaría de Gobierno de la República y Juez Primero del Circuito de Chiriquí. Representó a varias firmas nacionales e internacionales, como el Banco Nacional, la Chiriqui Land Company, Enrique Halphen y Cía., y la R.W. Hebard & Co., constructora del Ferrocarril Nacional de Chiriquí. (Algunos datos proporcionados por José M. Rincón).
EL HOSPITAL DE LA CARIDAD...(Culturama 986)
De entrevistas realizadas a varios personajes chiricanos se tienen referencias de que el único centro de asistencia médica de carácter público en David, antes de la creación del Hospital José Domingo de Obaldía (1933-1935) era el Hospital de la Caridad, localizado en el Barrio Bolívar, en un terreno colindante con el actual Cuartel del Servicio Motorizado de la Policia Nacional (Los Linces).
No se conoce el año exacto en que inició actividades, pero según un escrito del doctor Sebastián Gilberto Ríos, al médico cubano Manuel González Revilla (quien arribó a Chiriquí en 1890) le correspondió reorganizar el modesto centro hospitalario con sus propios recursos y allí fue nombrado como Médico Jefe. Relatan los descendientes del doctor González Revilla que el Hospital de la Caridad estaba tan poco equipado que el bondadoso galeno llevaba las sábanas de su casa para suplir las necesidades del lugar, donde también fundó una sala de maternidad.
No se conoce el año exacto en que inició actividades, pero según un escrito del doctor Sebastián Gilberto Ríos, al médico cubano Manuel González Revilla (quien arribó a Chiriquí en 1890) le correspondió reorganizar el modesto centro hospitalario con sus propios recursos y allí fue nombrado como Médico Jefe. Relatan los descendientes del doctor González Revilla que el Hospital de la Caridad estaba tan poco equipado que el bondadoso galeno llevaba las sábanas de su casa para suplir las necesidades del lugar, donde también fundó una sala de maternidad.
Dr. Manuel González Revilla
Doña Maruja Pérez de Brenes recuerda que, en 1925, aproximadamente, el médico español Enrique Solano le atendió una grastroenteritis en ese viejo caserón de madera. "A este médico le gustaba cazar loros y usaba las partes de estas aves para prepararle sopa a sus enfermos en el Hospital, que era muy pobre". Don Ramiro Candanedo Candanedo (1915-2007) manifestó, el 28 de julio de 2006, en relación con la historia del Hospital de la Caridad: "Casi todo era de madera, con un patio grande. Aquí me atendió, de un ataque de apendicitis, el doctor Rafael Sáénz Cuadra, quien sería el promotor del posterior Hospital Materno Infantil José Domingo de Obaldía del cual sería el primer director. Sáenz cuadra era, como casi todos los médicos de esa época, un galeno muy consagrado". También prestaban sus servicios en el David de finales del siglo XIX y principios del XX, el médico cubano Rodolfo Ross y el colombiano Alejandro Pérez Rivas.
LOS CINES DAVIDEÑOS... (Culturama 985)
Relata Maruja Pérez de Brenes (1920), que Aurelio Delgado Ycaza fue uno de los primeros promotores del cine en David. Papá Yeyo, como le decían, era hijo del veragüense Manuel Delgado, quien tenía barcos de cabotaje que llegaban a Puerto Pedregal, y de la dama panameña Josefa Ycaza.
Don Yeyo estableció en los años veinte, del siglo pasado, el Teatro Edén, en un edificio donde hoy se encuentra la Librería Regional, frente al Parque de Cervantes. Esta sala proyectaba películas mudas y se trasladó luego frente a los Largaespada (Ave. 5ta.), en un local del doctor Rodolfo Ross. Aquí fue llamado Teatro Yara, en honor del pueblo natal del galeno cubano.
Don Yeyo acostumbraba abrir las puertas del cine a quienes no tenían recursos, después de que entraban quienes sí podían pagar. El periodista Manuel Ramón Guerra recuerda que pagaba diez centavos para ver los episodios de las series de acción y de vaqueros que proyectaba el Yara, donde cabían más de cien personas. El Yara mantuvo su cartelera hasta 1932, cuando el doctor Paul Revesz abrió el Teatro Imperial, en la esquina de la Pensión Fanita (Ave. 5ta.), pero con la gran novedad de proyectar películas sonoras.
Esta sala de cine desapareció por un feroz incendió, en 1945. Tras la extinción del Imperial, nació el Teatro Alcázar construido por la Compañía de Guillermo Tribaldos, propietaria también de una cadena de cines en Boquete (Teatro Cumbre), La Concepción (Teatro Universal), Puerto Armuelles (Teatro Barú) y David (Plaza). Durante algunos años la Empresa Pascual, de la ciudad de Panamá, administró estas salas de proyección fílmica.
Don Yeyo estableció en los años veinte, del siglo pasado, el Teatro Edén, en un edificio donde hoy se encuentra la Librería Regional, frente al Parque de Cervantes. Esta sala proyectaba películas mudas y se trasladó luego frente a los Largaespada (Ave. 5ta.), en un local del doctor Rodolfo Ross. Aquí fue llamado Teatro Yara, en honor del pueblo natal del galeno cubano.
Don Yeyo acostumbraba abrir las puertas del cine a quienes no tenían recursos, después de que entraban quienes sí podían pagar. El periodista Manuel Ramón Guerra recuerda que pagaba diez centavos para ver los episodios de las series de acción y de vaqueros que proyectaba el Yara, donde cabían más de cien personas. El Yara mantuvo su cartelera hasta 1932, cuando el doctor Paul Revesz abrió el Teatro Imperial, en la esquina de la Pensión Fanita (Ave. 5ta.), pero con la gran novedad de proyectar películas sonoras.
Esta sala de cine desapareció por un feroz incendió, en 1945. Tras la extinción del Imperial, nació el Teatro Alcázar construido por la Compañía de Guillermo Tribaldos, propietaria también de una cadena de cines en Boquete (Teatro Cumbre), La Concepción (Teatro Universal), Puerto Armuelles (Teatro Barú) y David (Plaza). Durante algunos años la Empresa Pascual, de la ciudad de Panamá, administró estas salas de proyección fílmica.
Alcázar, construido por la Compañía Tribaldos, a finales de los años cuarenta. Posteriormente se denominó Cine Imperial.
martes, 12 de abril de 2011
CINEMA PARADISO...
“Sin duda una de las mejores películas hechas jamás. Cualquier calificativo se vuelve pequeño para tan grandioso filme, es... sensacional”. Lugo (España)
Cinema Paradiso es una historia de amor por el cine. Es un filme de 1988 que narra la historia de un niño de un pequeño pueblecito italiano en el que el único pasatiempo es disfrutar de las películas del cine Paradiso. Encantado por las oscilantes imágenes, Salvatore deseaba con todas sus fuerzas que el cine fuese en realidad mágica. Un día, Alfredo, el operador de cine, accede a enseñar al pequeño los misterios que se ocultan en una película. Todos los niños de la pequeña villa van creciendo, sin perder nunca su amor por el cine, pero llega el momento en el que Salvatore debe dejar el pueblo y comenzar a buscar sus sueños. Y así ocurre durante treinta años hasta que un día un mensaje le comunica que debe volver a casa donde un secreto le espera.
El lunes 18 de abril a las siete de la noche, el semanario educativo Culturama proyectará esta película de 123 minutos. Los comentarios iniciales estarán a cargo del italo-venezolano Piero Mercanti.
Los esperamos en la Avenida 6ta. Este. La Calle del Fresco, en el Casco Antiguo de David. Donación B/.1.00
lunes, 11 de abril de 2011
EL TROGON CULINEGRO DE DARIEN...
Por: Melva Miranda (email: melva_74@gmail.com)
El domingo 3 de abril, decidimos viajar a Darién, como enviada especial de Culturama y del Movimiento Federalista de Panamá, en una expedición ecoturística, especialmente para el avistamiento de aves, dirigida por Advantage Tours Panamá, acompañada con unos amigos extranjeros, residentes en Boquete (Jeraldine, Edward y Remi), para conocer La Marea, un pueblo ubicado entre los corregimientos de Camogantí y Tucutí, en el distrito de Chepigana, provincia de Darién.
Su nombre se explica porque se depende de la marea para acceder a esta pequeña comunidad emberá que posiblemente no llegue a trescientos habitantes.
Cuando llegamos a Metetí, nos dirigimos hacia Puerto Kimball o Quimba, en el corregimiento de Río Iglesia y abordamos una lancha y viajamos por el Río Tuira para desviarnos por un afluente probable del Río Balsa, al que los lugareños llaman históricamente como Río Marea o Río Bagre. Todo el recorrido nos tomó aproximadamente tres horas, rodeados de un paisaje exuberante, lleno de pájaros, de caña brava y árboles enormes de la montaña darienita.
Fuimos recibidos por unos alegres y amables jovencitos emberás, por la abuela Elina y el abuelo Cirilo, dos figuras claves dentro de la administración comunitaria. Fuimos conducidos hasta nuestro bohío o rancho, donde un coordinador de turismo, Bolívar, nos prepararía nuestras habitaciones: un buen colchón, mosquiteros, baño y ducha, lujos propios de la gran ciudad (Pinel, nuestro chef emberá, realmente se esmeró en la presentación de las viandas que nos alimentarían durante tres días).
Al día siguiente, nos esperaba una de las sorpresas más lindas del recorrido: una pareja de trogones culinegros, fueron descubiertos por la experta mirada del abuelo Cirilo y de Miguel, nuestro guía oficial.
Esas aves competían en color con las flores encontradas a lo largo del viaje.
Para el martes, una exploración en lancha, río arriba, acompañados por Chichi y unas niñas emberás, conoceríamos además de otras aves y mariposas, el método de lavar oro que desde tiempos inmemoriales practican los nativos de esta región.
En la tarde, tendríamos una sesión especial con los miembros de la comunidad, donde al ritmo de la danza en homenaje al gavilán blanco (farí-farí), la danza de la flor, el duelo de la pareja emberá (mukimá), fuimos tatuados por la mano hábil de la abuela Elina, quien trazó líneas inmemoriales, especiales para nosotros.

Tres noches y sus días bastaron para reconocer la bondad, la armonía y tradición conservada del pueblo emberá de La Marea. Al regreso, ya sentíamos nostalgia por la huella indeleble que en nuestro ánimo, hicieron los niños, los abuelos y los jóvenes este pueblo de Darién.
El domingo 3 de abril, decidimos viajar a Darién, como enviada especial de Culturama y del Movimiento Federalista de Panamá, en una expedición ecoturística, especialmente para el avistamiento de aves, dirigida por Advantage Tours Panamá, acompañada con unos amigos extranjeros, residentes en Boquete (Jeraldine, Edward y Remi), para conocer La Marea, un pueblo ubicado entre los corregimientos de Camogantí y Tucutí, en el distrito de Chepigana, provincia de Darién.
Su nombre se explica porque se depende de la marea para acceder a esta pequeña comunidad emberá que posiblemente no llegue a trescientos habitantes.
Cuando llegamos a Metetí, nos dirigimos hacia Puerto Kimball o Quimba, en el corregimiento de Río Iglesia y abordamos una lancha y viajamos por el Río Tuira para desviarnos por un afluente probable del Río Balsa, al que los lugareños llaman históricamente como Río Marea o Río Bagre. Todo el recorrido nos tomó aproximadamente tres horas, rodeados de un paisaje exuberante, lleno de pájaros, de caña brava y árboles enormes de la montaña darienita.
Fuimos recibidos por unos alegres y amables jovencitos emberás, por la abuela Elina y el abuelo Cirilo, dos figuras claves dentro de la administración comunitaria. Fuimos conducidos hasta nuestro bohío o rancho, donde un coordinador de turismo, Bolívar, nos prepararía nuestras habitaciones: un buen colchón, mosquiteros, baño y ducha, lujos propios de la gran ciudad (Pinel, nuestro chef emberá, realmente se esmeró en la presentación de las viandas que nos alimentarían durante tres días).
Al día siguiente, nos esperaba una de las sorpresas más lindas del recorrido: una pareja de trogones culinegros, fueron descubiertos por la experta mirada del abuelo Cirilo y de Miguel, nuestro guía oficial.
Esas aves competían en color con las flores encontradas a lo largo del viaje.
Para el martes, una exploración en lancha, río arriba, acompañados por Chichi y unas niñas emberás, conoceríamos además de otras aves y mariposas, el método de lavar oro que desde tiempos inmemoriales practican los nativos de esta región.
En la tarde, tendríamos una sesión especial con los miembros de la comunidad, donde al ritmo de la danza en homenaje al gavilán blanco (farí-farí), la danza de la flor, el duelo de la pareja emberá (mukimá), fuimos tatuados por la mano hábil de la abuela Elina, quien trazó líneas inmemoriales, especiales para nosotros.
Tres noches y sus días bastaron para reconocer la bondad, la armonía y tradición conservada del pueblo emberá de La Marea. Al regreso, ya sentíamos nostalgia por la huella indeleble que en nuestro ánimo, hicieron los niños, los abuelos y los jóvenes este pueblo de Darién.
Niños emberá leyendo el único semanario en Chiriquí con más
de veinte años de circulación: Culturama.
lunes, 28 de marzo de 2011
El niño con el pijama de rayas...
"No es una película inolvidable, pero sí es, en cambio, una enseñanza imperecedera." (E. Rodríguez Marchante: Diario ABC)
En el Berlín, Alemania, de 1942, Bruno tiene ocho años y desconoce el significado de la Solución Final y del Holocausto. No es consciente de las pavorosas crueldades que su país, en plena guerra mundial, está infligiendo a los pueblos de Europa. Todo lo que sabe es que su padre -recién nombrado comandante de un campo de concentración- ha ascendido en su trabajo, y que ha pasado de vivir en una confortable casa de Berlín a una zona aislada. Todo cambia cuando conoce a Shmuel, un niño judío que vive una extraña existencia paralela al otro lado de la alambrada.
Este emotivo filme inglés, de 94 minutos, producido en 2008, será proyectado en Culturama el lunes 4 de abril de 2011, a las siete de la noche, en la sede del semanario, en la Calle del Fresco en el Casco Antiguo de David. Donación B/.1.00
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