Fundado el 21 de agosto de 1988 en David, Chiriquí. República de Panamá

lunes, 8 de agosto de 2011

ILHABELA, BUEN GUSTO Y NATURALEZA…

Por: Milagros Sánchez Pinzón.  Semanario Culturama


Con mi inseparable sombrero gaucho adquirido en Buenos Aires,  me enfundo unas zapatillas y emprendo mi primera caminata por Ilhabela, una pequeña isla de 348 kilómetros cuadrados  ubicada a poco más de 3 kilómetros del litoral norte del estado de Sao Paulo, Brasil.
Ilhabela está poblada por unas 24 mil personas dedicadas fundamentalmente a las actividades turísticas.  El grueso de los habitantes se asienta en la zona occidental de la isla,  pues el resto de la superficie está cubierto por bosques en los cuales se  originan 400 cursos de aguas que dan vida a 365 cascadas. Es un Parque Natural.
El paisaje de la isla es considerado uno de los más agrestes de las costas brasileñas. A pocos metros de la playa  se levantan imponentes montañas que dejan ver sus aristas rocosas.
Con una agradable temperatura de 26 grados centígrados, avanzo unos pocos metros por la peatonal que bordea la costa y me encuentro con Edson Mamone, un marinero de 44 años quien gentilmente me sirve de guía improvisado, luego  de pedirle  me tome una fotografía en un hermoso paraje.
Como el portugués es muy parecido al español, le comprendo bastante: a los nativos se les llama caiçara, él es uno de ellos; muchas de las quebradas que cruzamos son cascadas procedentes de las montañas;  una sobrina puede ayudarme si quiero alcanzar algunos de estos saltos; estamos en temporada baja en términos turísticos y por eso hay poca gente circulando, en otras fechas miles de personas transitan esos lares; que me aparte, no debo andar por la ciclovía...
El paciente Edson se despide después de una hora y media de camino.  Sigo tranquila por las calles adoquinadas y empedradas  con mi cámara en la mano, es el primer lugar de mi viaje sureño donde alguien no me dice: guárdela,  es peligroso. 
Aquí la gente es tan amigable que contagian hasta los perros: un cachorro de la rua (un perro callejero), se une a mi periplo y conmigo se queda casi hasta el final de la jornada de tres horas.  Incluso me sirve de modelo para algunas de las fotos.
A eso de la una de la tarde llego al Centro Histórico de Ilhabela y entro a un restaurante cuyo menú externo me llama la atención. Se trata del Cheiro Verde.  Ordeno filé de pescada e alcaparras e champignon, arroz, feijao (frijoles) e fritas (papas fritas),   más un zumo de naranjas.  Todo por 17.70 reales, unos 11 dólares.  Está delicioso. A los chicos que atienden les pregunto si han oído hablar de Panamá. Son seis, algunos nacidos en Minas Gerais, otros en Bahía, otros son caiçara, pero ninguno sabe de qué les hablo. 
Durante mi marcha he  captando decenas de imágenes. Mis amigas Itzel y Yamel estarían encantadas en este hermoso lugar. Las residencias, los restaurantes, las posadas y todos los negocios están pintados con un gusto exquisito, como ese que deseamos imprimir en nuestro Casco Viejo de David.  Los jardines son un complemento armonioso; toques artísticos  se respiran por todos lados: las iglesias, los parques, las oficinas públicas.
¿Por qué no dejamos, como los caiçaras, que nuestro pueblos y ciudades sean tomados por los artistas? Estoy casi segura que ellos le imprimirían  buen gusto,  calidez y una mejor calidad de vida, tal como lo han hecho en este escondido paraíso tropical del Brasil...
En Ilhabela tratan de adaptar las construcciones a la naturaleza.  El árbol primero que la calle

EN LA CABINA DE UN BOMBARDIER...


Por: Milagros Sánchez Pinzón. Semanario Culturama.

Acabo de abandonar la mágica ciudad de Buenos Aires y me lamento de haber tenido solo 72 horas para disfrutarla. Allá,  a lo lejos,  va quedando esa vibrante urbe donde en el día aprecié a tangueros callejeros y  en las noches degusté exquisitos platos de bife de chorizo con espinaca en crema, acompañados del vino de una de las cavas más grandes existentes en la capital bonaerense.  Ahora retorno a Brasil con escala en Montevideo.
 Puerto Maderos, en Buenos Aires
En la cava del Asador Criollo Los Nazarenos, BA.
 Buenos Aires desde las alturas
Mientras vuelo en un Bombardier canadiense de la línea aérea Pluna, con ochenta y dos pasajeros más que van de Montevideo a Sao Paulo,  redacto  unas líneas sobre el breve vistazo que pude darle desde los aires a la capital de la República Oriental del Uruguay.
La inmensa llanura sobre la que asienta bordea la margen este del  Río de la Plata y sobre ella se levantan las numerosas estructuras que albergan los 1.5 millones de habitantes de  la capital charrúa, nación parecida a Panamá en cuanto a su número de pobladores no supera los 4 millones.
Impresiona el Aeropuerto Carrasco con su diseño diferente. Ya me habían comentado que el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly, muy reconocido en el mundo,  concibió una estructura muy vanguardista. Allí, los  Duty Free ofrecen los acostumbrados perfumes de famosas marcas y otros productos de exquisita calidad.  Solo para comparar, me detengo ante  los hermosos recipientes aromáticos y me doy cuenta que en nuestro lejano  Paso Canoas las ofertas son mejores.
Como solo me quedo una hora en ese aeroparque de Montevideo pienso qué cosa distinta e interesante puedo hacer en tan breve tiempo.  No se me ocurre nada hasta que al momento de arribar al avión observo desde afuera  la cabina del capitán de la aeronave que realizará el vuelo,  toma  yerba mate en esas tazas tan peculiares del sur de América.
Dentro  del avión se me ocurre pedirle a la aeromoza  que le pregunte al piloto si puedo tomarle una foto y éste acepta.  Converso con él, se llama Martin y  con el copiloto, Eduardo, quien me pregunta de dónde soy. Al responderle que de Panamá, específicamente de Chiriquí, para sorpresa mía me dice: ¡Ah, gana’o bravo!   
 Martín, el capitán de la aeronave de Pluna, líneas aéreas uruguayas

No pierdo la oportunidad y le pido  a don Eduardo  unas palabras para un video que lastimosamente no corre en  este blog pero si en mi Facebook. No obstante, adjunto la fotografía de los agradables maestros de las alturas  que dirigieron el vuelo desde la capital uruguaya hasta la megalópolis brasileña.
 
Eduardo Iharur, piloto uruguayo que estuvo en Panamá en 1975 y escuchó que a los chiricanos nos llamaban gana'o bravo


Y, para sorpresa mía, al descender del avión  un aeromozo me aguardaba con un papelito en el cual estaba escrito: eduiha@hotmail.com, así que gracias a la maravilla del ciberespacio él podrá leer este artículo...

Después de todo creo que visitar la cabina del avión Pluna sirvió para una nota singular.  ¿No creen?

domingo, 7 de agosto de 2011

DE PASEO POR LA RECOLETA...

Por: Milagros Sánchez Pinzón. Semanario Culturama.


Solo estaré unas pocas horas en Buenos Aires, así que de tantos lugares decido visitar uno de  los más conspicuos de la ciudad:  el cementerio de  La Recoleta, el monumento histórico-artístico más relevante de Argentina.
La Recoleta es una necrópolis inaugurada en 1822, que tiene 4,800 bóvedas distribuidas en 5 hectáreas.  La entrada principal es un pórtico de origen dórico griego, concluido en 1881, fecha a partir de la cual se han ido efectuando diferentes procesos de restauración y modificación.
Tan pronto entro, una chica que vende los mapas de referencia me explica cómo encontrar  los mausoleos más  renombrados: el de Domingo Faustino Sarmiento, el autor de la obra Facundo, civilización y barbarie, quien ocupó la presidencia de ese país de 1868 a 1874;   la tumba de Eva Duarte de Perón,  la Evita de todos los tiempos, la reina de los descamisados, la mujer del general Juan Domingo Perón; y  la tumba del también presidente argentino y escritor Bartolomé Mitre. 
Aquí en La Recoleta descansan los protagonistas más notables de la historia argentina: políticos, militares, estadistas, exploradores, sacerdotes, caudillos, escritores, poetas y artistas.  Lo curioso es que cada uno de los mausoleos que resguardan sus restos mortales compite en suntuosidad con  los otros.
El célebre escritor argentino Jorge Luis Borges fantaseó en uno de sus poemas con ser enterrado en este mítico lugar, pero finalmente no fue así, ya que duerme el sueño sempiterno en Ginebra, Suiza.
Después de conversar con un cuarterto de chicas bonaerenses que por primera vez visitaban el histórico cementerio, decido recorrer la feria artesanal que se desarrolla en ese barrio  y adquirir algunos recuerdos de este país hechos en cuero, vidrio y tela… los precios, comparados con otros sitios, son muy buenos. 
Finalmente,  me tomó un café en el Restaurante Booler  donde  hace poco la estrella del fútbol mundial, Leo Messi, se fotografió con los dueños y autografió una camiseta y, luego contemplo en las aceras a unos jóvenes bailadores de tango  que entretienen a los visitantes.

Sueño con que algún día en nuestra ciudad tengamos espacios públicos como estos, escenarios al aire libre donde se encuentren músicos, bailarines, artesanos, pintores, cocineros, artistas de todo tipo que exalten los valores regionales con tanta lucidez como lo hacen los porteños...