Fundado el 21 de agosto de 1988 en David, Chiriquí. República de Panamá

sábado, 6 de agosto de 2011

EL GRAN BUENOS AIRES, UNA CIUDAD CON CARACTER...


Por: Milagros Sánchez Pinzón.  Semanario Culturama.

El Crucero del Norte consumió casi veinte horas  en desplazarse desde Foz de Iguazú (Brasil) hasta Buenos Aires,  la capital argentina. 

Fue un viaje agotador,  aunque la comodidad del autobús ejecutivo (sillas-camas, con cobijas, almohadas y una cena acompañada de vino o champaña),  mitigó un poco la larga travesía  de 1,290 kilómetros, trayecto en el cual fuimos descubriendo algunas características del paisaje humano y natural de una pequeña porción del territorio septentrional argentino: pueblos de tierra colorada, casas de ladrillo, extensos bosques, plantaciones de cítricos,  biofábricas, industrias madereras,  enormes lagos y  ríos… 
 
El amanecer del jueves 4 de agosto nos recibió en la Gran Terminal del Retiro de Buenos Aires.  Aquí, casi de inmediato, nos percatamos que  la vida es menos cara que en Brasil.  El cambio está a 4 pesos argentinos por dólar.  Con esta buena noticia  nos tomamos un descanso y programamos para el siguiente día un recorrido por  las principales calles de la ciudad.

Buenos Aires: 11:00 a.m. Armados con un mapa iniciamos nuestro periplo por la capital argentina. Se observa rápidamente que tiene personalidad,  carácter; los edificios son complejos, eclécticos, desde el art deco hasta el art nouveau, desde el barroco  hasta el  neogótico moderno y no faltan los rascacielos.

La temperatura de 7 grados nos obliga a abrigarnos fuertemente (guantes, bufanda, botas, sombrero).  Hacemos nuestra primera parada en la Casa Rosada, la sede del gobierno federal, donde decide los rumbos de la nación la presidenta Cristina Fernández de Kischner.   Dicen que el color tan peculiar del edificio viene desde el siglo XIX, cuando se mezcló pintura con cal reforzada en sangre bovina.
Una enorme bandera albiceleste ondea en la calle frente al Palacio Presidencial y ella me recordó que  representa  a mi equipo favorito en los Mundiales de Fútbol.


Me detengo en algunas  esquinas. Tomo fotografías y grabo algunos videos de las congestionadas calles, del Paseo Colón, de la Plaza de Mayo, de la 9 de julio, de Corrientes, de Lavalle, de  la Juan Domingo Perón...  ¡Cuánta gente, por algo las estadísticas arrojan  casi 3 millones de personas en el centro de la ciudad y 12 millones en todo el  aglomerado urbano del Gran Buenos Aires!  Casi todos son blancos y de finos rasgos, denotan la enorme influencia étnica de los europeos en el mestizaje de este pueblo.



Entre las Avenidas Corrientes y 9 de Julio diviso el Obelisco, un Monumento Histórico Nacional, ícono de la ciudad bonaerense, que se yergue hasta los 67.5 metros; fue construido para conmemorar un aniversario de la fundación de la ciudad.  Aquí, unos chicos argentinos y otro canadiense me ayudan con la cámara.
Visito una de las numerosas librerías, esta urbe es famosa por ellas,  y adquiero una obra de Soren Kierkegaard y otra de Arturo Uslar Pietri ¡a qué precios!  Si pudiera me llevaría varios, pero el dinero y las maletas no abundan. 


También contemplo la Catedral Metropolitana,  muy cerca a la histórica Plaza de Mayo, el escenario de los más sucesos más trascendentales del país. 

En la Avenida Florida,  se aglomeran los vendedores y artesanos ambulantes.  Ofrecen de todo, especialmente artículos para esta temporada de invierno, objetos de cuero  y otros materiales. Músicos rastafaris y cantantes de protestas alegran  y entristecen con sus melodías a los transeúntes.


Frente al Teatro Colón, uno de los escenarios de óperas más importantes del mundo por su tamaño, acústica  y trayectoria, unos chicos en motocicleta realizan todo tipo de piruetas para llamar mi atención al ver que tomo fotografías. Aprovecho su euforia para pedirles un saludo que aparece en esta grabación:


Para finalizar, converso con Marisa, una chica que ofrece jugos naturales en un negocio y con don Alfredo, de casi 80 años. Ambos han oído de Panamá; ella sabe de sus playas y quisiera ir algún día… él adora el calor del trópico istmeño… Me alegra que escucharan de mi nación, en Paraguay, un taxista ni siquiera sabía que existíamos.
Después de cinco horas caminando por esta vibrante e intensa metrópoli, con sus teatros, cafés, librerías, tangos show, asados y los más diversos negocios,  me detengo para  procesar tanta información.  Mañana trataré  de encontrar otros  escenarios de esta magnífica ciudad. 

 Aunque me apasiona más la naturaleza, Buenos Aires es encantadora...






miércoles, 3 de agosto de 2011

BAUTISMO EN LAS BRUMAS DEL IGUAZU...


Por: Milagros Sánchez Pinzón. Semanario Culturama

El mercurio registra nueve grados centígrados. Un viento frío azota mi rostro en las primeras horas del martes 2 de agosto de 2011. Es el cuarto día en Foz de Iguazú y en el cielo las nubes continúan amenazando con descargarse...pero no puedo esperar más.

Desde hace tres años, cuando comencé a asistir a los profesores de Historia de la UNACHI, comparto con mis estudiantes la excelente producción cinematográfica La Misión,  protagonizada por Robert De Niro y Jeremy Irons, que tiene por trasfondo natural a las espectaculares cataratas de Iguazú.  Siempre les comentaba que uno de mis sueños era alcanzar un día ese paradisiaco lugar y ahora estoy aquí, a unos pocos minutos de concretarlo.

Me preguntaban vía email,  desde Chiriquí, si no se podían ver  lo saltos  con la lluvia. ¡Y claro que se puede!  si los visitantes son tradicionales, pero yo me he registrado en una travesía para embarcarme en una lancha bimotor que navegará seis kilómetros por el río Iguazú inferior  (con dos kilómetros de rápidos) para recibir una especie de “bautismo” entre las brumas de las majestuosas cascadas.

Así que abordo  un llamativo autobús del Parque Nacional Iguazú (creado en 1939) y pronto estoy recorriendo en un trencito eléctrico unos tres kilómetros de la Mata Atlántica (así le llaman a ese extenso bosque semitropical),  con un guía políglota, Jovaldo, quien narra a media docena de excursionistas, interesantes datos sobre la fauna y flora de esa selva.

Descendemos del tren y caminamos  una senda de 600 metros que nos lleva hasta el Salto del Macuco, sitio perfecto para una mojadita refrescante si las temperaturas fueran más elevadas.   El acceso se realiza a través de escaleras empotradas en rocas milenarias, algunas de las cuales tienen incrustaciones de cuarzo, corindón y otros brillantes minerales. 

En la margen brasileña del río Iguazú, cuyas aguas turbias pudieran asustar a cualquier explorador, nos esperan  los botes inflables especialmente fabricados para este tipo de aventuras. 

Antes de embarcar, todos recibimos chalecos salvavidas y la recomendación de que nos mudemos de ropa,  nos acercaremos tanto a las cataratas que retornaremos empapados.   Ha llovido en los últimos días y eso aumenta el caudal de la corriente.

La nave arranca a una alta velocidad, lo suficiente para que podamos apreciar la exuberancia circundante.   Nos remontamos río arriba, atravesamos un cañón y el trayecto de rápidos para detenernos en la  gran herradura, conocida como la “Garganta del Diablo” (es el salto más alto del conjunto con una altura de 80 metros).

Gritos, expectación y admiración inunda a todos los que, sujetados muy fuertemente, nos sobrecogemos ante tal maravilla de la naturaleza.

Mi inseparable cámara Panasonic se somete a una prueba extrema durante los 30 minutos que dura la experiencia. Mis dedos casi no responden a mis órdenes, están prácticamente congelados y no puedo apretar, como quisiera, el botón para disparar las fotos.  Menos mal que la opción de grabar se activa y puedo capturar esos inigualables momentos ante esas portentosas cabelleras de agua.
Al terminar el Macuco Safari me uno a los miles de turistas que recorren los miradores para  apreciar desde diferentes ángulos los 275 saltos que integran las cataratas de Iguazú (este río alcanza en algunos puntos 1.5 kilómetros de ancho) compartidas por Brasil y Argentina.

No hay  palabras para describir  la magnificencia y belleza tan salvaje…




Gracias a todos los que me han permitido llegar hasta aquí…
Ahora prosigo mi camino; tomaré un autobús que me llevará en 18 horas  a Buenos Aires, tierra del tango y del asado…

* Para quienes deseen ver este video corto que pude tomar en este "bautismo" en el Iguazú:

martes, 2 de agosto de 2011

COSTUMBRES EN LA TRIPLE FRONTERA...

Por: Milagros Sánchez Pinzón. Semanario Culturama.


Paciencia… una hermosa palabra que pocas veces aplico a mi vida y  que el estado del tiempo  en Foz de Iguazú me está obligando a aferrarme a ella, pues nuevamente las nubes cargadas de agua se desparraman sobre la zona impidiéndome trasladarme en condiciones adecuadas hasta las cataratas de Iguazú, ubicadas  a solo 30 kilómetros del punto en que me encuentro.
 
Debo aguardar un día más y ocupo las horas  en  conocer la Ciudad del Este, en Paraguay,  que forma parte de la Triple Frontera junto con Foz de Iguazú (Brasil) y Puerto Iguazú (Argentina). Esta ciudad, con unos 340 mil habitantes, se sustenta básicamente por el turismo de compras  y las agroindustrias; es considerada la  tercera mayor zona de comercio libre del mundo,  después de Miami y Hong Kong.
En autobús desde Foz, solo tardo unos 30 minutos y no requiero sellar mi pasaporte en la migración de ambas naciones.  Al descender del colectivo percibo ese dinamismo característico de otros pasos fronterizos, mas advierto algo distinto: por todos lados  pululan motocicletas amarillas.  Se trata de unos mil hombres jóvenes en moto taxis que brindan el servicio a los turistas y locales; resultan mucho más eficientes en medio un tráfico casi  incontrolable.   ¡Qué rodante particularidad!
Recorro durante varias horas las principales calles repletas de brasileños y argentinos (ellos se cuentan entre los principales visitantes); gente que compra electrodomésticos, celulares, ropa, calzados, balones de fútbol, churrasquitos, colchas y chipá, ese pancito de yuca  con queso, manteca y sal, visto como el plato sagrado de los guaraníes y que muchos soportan sobre sus cabezas. 
Me indican que en esta ciudad, llamada hasta 1989 Puerto Presidente Strossner, un Blackberry de los más baratos se adquiere por  200 a 300 dólares, mientras que en el lado brasileño el mismo artículo puede alcanzar los 500 a 600 dólares.  El salario mínimo en Paraguay es de 423 dólares, en Brasil de 545.   Aquí se nota que corre el dinero, mientras debajo de los puentes también se aprecian los desamparados.
Abundan las casas de cambio. Se  compran y venden euros, dólares, reales, pesos argentinos y guaraníes.  Yo cambié cada dólar a 3,670 guaraníes, por 13,000 guaraníes (unos 3.54 dólares) podía comprar una Coca Cola y una hamburguesa de soya.
De aquel lado, la conciencia ecológica no es tan acendrada como en el lado brasileño, acá en cada esquina aparecen los recipientes multicolores del reciclaje.
Muchos paraguayos son  supersticiosos. El 1 de agosto comienza el tiempo de “mala suerte” y por eso venden en  las calles una bebida llamada carrulim,  compuesta por caña, ruda y limón (las siglas forman la palabra carrulim).  Consumir esta pócima evitará el “maleficio” del octavo mes y purificará la sangre. Por andar de curiosa y fotografiando el costumbrismo de la Ciudad del Este,  me dieron a beber un sorbo del fuerte brebaje.
Cansada un poco por la temperatura de 12 grados centígrados que me ha acompañado en mi caminata por la Ciudad del Este, retornó a Foz tras una larga fila de vehículo…   Espero que el sol de mañana decida alumbrar con toda su brillantez el lado oriental del inmenso río Paraná. 
Norma Jiménez vende chipá en la Triple Frontera a 10,000 guaraníes la bolsita
A la izquierda, Foz de Iguazú (Brasil).
A la derecha Ciudad del Este (Paraguay). Foto tomada desde el puente del río Paraná, limite natural entre ambas naciones.