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sábado, 13 de agosto de 2011

RETRATO DE SAO SEBASTIAO...

Por: Milagros Sánchez Pinzón. Semanario Culturama.


Me quedan pocas horas en Brasil y el buen tiempo de los últimos días me permite desplazarme desde Ilhabela hasta el puerto  de Såo  Sebastiåo.
Guiada por la buena señalización de la isla llego hasta el  embarcadero donde cientos de personas esperan a que parta la balsa que cruza, cada 30 minutos, el canal de San Sebastián para unir a las dos poblaciones paulistas.
En la inmensa estructura flotante solo los vehículos grandes pagan, los de a pie vamos gratis por cortesía del Estado de Sao Paulo.   
Desde el ferry me entretengo tomando fotografías del canal que se extiende por casi 30 kilómetros y adquiere anchuras variables (la menor es de 2 kilómetros) y también de las hermosas montañas volcánicas de Ilhabela. Antes no había podido captarlas en todo su esplendor por la permanencia de las nubes, pero ahora contemplo cómo las masas pétreas reflejan la luz solar, efecto que las hace parecer nevadas. 
Embarcaciones japonesas y danesas aguardan en  el Canal.  Aquí hay una terminal de petróleo de Transpetro, una subsidiaria de Petrobras, la poderosa compañía estatal administradora del oro negro brasileño.
Al descender del ferry camino menos de un kilómetro y me encuentro con el downtown de Såo Sebastiåo, es una ciudad famosa por sus playas; es un destino turístico popular, especialmente para la gente de Sao Paulo.  
Tiene un centro histórico muy simpático y numerosas tiendas de artesanías y variedades.  Aquí localicé una camiseta de Neymar. Vía email mi prima Liszeth  me lo mencionó por primera vez  y dice es el mejor jugador de Brasil.  Para complacer a un colaborador de Culturama que me encomendó  una camiseta de un equipo de este país me la llevo para Panamá y, a mi querida prima, le llevo una de Messi, su ídolo del Barça.

A eso de la una de la tarde, después de recorrer casi todo el poblado,  decido entrar a un  restaurante a almorzar la comida del día.  El menú era pesado, realmente pesado para mi gusto: arroz, papas fritas, ensalada de papas con mayonesa, remolacha, pescado blanco en salsa de mozarella, pan, lechuga, zanahoria y pepino….  Solo ver esa cantidad tan inesperada de alimentos se me cortó el apetito, solo me comí las remolachas y un pedacito de pescado…  Menos mal que podían darme la comida para  llevar, así que alguien a solo dos metros del restaurante quedó encantado con ese gustoso obsequio... No comprendo por qué los brasileños consumen tantos carbohidratos en una sola sentada, en eso se parecen a muchos panameños.
Seis horas después retorné a Ilhabella para continuar compartiendo otro tipo de transporte público. En esta ocasió un ecobus.   Gente de todas las edades entraba y salía del vehículo, pero lo que me llamó más la atención era que muchos conversaban y reían. Se notaban tan relajados, muy diferentes a los pasajeros de nuestros Diablos Rojos.  Una niña en el primer asiento tan pronto vio entrar a un señor con discapacidad se levantó  y le dio el asiento. Hay  letreros en las primeras bancas señalando que son prioridad para embarazadas, tercera edad  y discapacitados.  
Esa tarde se posó hermosa sobre Ilhabela.  Jesse, el amable caiçara que me traslada de un lugar a otro en su bote, me da una tarjeta con su dirección para que le remita por internet las fotos y los vídeos tomados.
En la noche, visito un acogedor restaurante japonés donde avanzo un poco más en el manejo de los palillos; degusto un salmón rosado con vegetales hervidos, esa era la opción ante el sushi, pescado crudo que nunca he podido saborear.
Con estos gratos y tranquilos momentos me fui despidiendo poco a poco de la isla, la capital de la vela y de la “vida boa”  en mi paso fugaz por el  Brasil….













 


 

2 comentarios:

  1. Bueno Milagros, lo "bailao y lo gozao" te lo traes, como parte de tus tesoros culturales. Tu patria chiquita te necesita para lograr cambios a favor de la cultura y el desarrollo turístico.

    MaRiNi

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